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jueves, 29 de marzo de 2007

Estudiante de la Universidad Javeriana ganó la Gaviota de Plata en Viña del Mar


Un nuevo ritmo para los jurados y los asistentes al espectáculo hizo que Diana Hernández y su grupo María Mulata ganara el 48 Festival Internacional de la Canción en la categoría folclórica.
Al ritmo de tambores, música y baile los tres componentes del bullerengue Diana cautivó al público y al jurado conformado por: el cantante y percusionista uruguayo Rubén Rada, los chilenos Iván Valenzuela, periodista y Mario Guerrero, cantante y Karla Constant, presentadora de televisión.
María Mulata logró su objetivo de hacer público un ritmo no conocido a nivel internacional con la canción "Me duele el alma" de la autoría de Diana.
Diana Hernández no solo recibió la gaviota de plata, sino también 30.000 dólares gracias a su excelente interpretación y composición frente al exigente público asistente al Festival.
Su triunfo lo logró gracias al apoyo recibido por parte de sus padres que le inculcaron desde muy pequeña el amor a la música colombiana.
Por otra parte, Diana expresó su total agradecimiento, cantando luego de recibir el premio dos estrofas dedicadas a sus padres, donde modificó la letra y expresó el amor a sus papás que desde Colombia vibraban de alegría por el logró obtenido por su segunda hija.
Desde Colombia sus amigos, amigas y profesores de la Javeriana apoyaban a Diana, pues en ningún momento dudaron de su talento y de sus amplias posibilidades de traer este galardón a Colombia.
Descargue en los enlaces adjuntos los videos sobre la distinción obtenida por la estudiante de la Javeriana.
Por Claudia Ruiz Universidad Javeriana

miércoles, 28 de marzo de 2007

Rumba en Itagüí


El pabellón de máxima seguridad en donde está recluida la cúpula de los paramilitares se parece cada vez más a 'La Catedral'.
Fecha: 03/24/2007 -1299 La época en que los 59 paramilitares recluidos en la cárcel de Itagüí, en Antioquia, hacían huelga de hambre para protestar contra las arbitrariedades a las que estaban siendo sometidos, quedó atrás. De las condiciones precarias de las que se quejaban hace cuatro meses Mancuso, 'Jorge 40', 'Macaco' y los demás reclusos -cuando protestaron y no comían sino galletas o chitos por miedo a ser envenenados- pasaron a las comodidades de un hotel. El chef que le cocinaba al extinto capo Pablo Escobar es ahora su hombre de confianza para la preparación de sus alimentos que ingresan desde afuera de la prisión. Ninguno está incomunicado. Les permiten más acceso de visitas que a cualquier otro recluso del país. Tienen el privilegio de mantener sus contactos con el mundo a través de líneas telefónicas con tarjeta, celular y sala de cómputo con Internet. En sus celdas hay televisor, grabadora y DVD con sus películas favoritas. Entran y salen de sus celdas en cualquier momento. Para su esparcimiento, unos ven la programación habitual de la televisión en el patio, mientras otros se dedican a tocar organeta eléctrica, hacer ejercicio o a leer. Y para relajarse, nada mejor que un buen trago de sello azul, el whisky preferido por la mayoría de los paras.Algunos funcionarios del Inpec están preocupados porque, aunque ellos son los responsables de lo que pase en Itagüí, este tipo de privilegios proviene de un funcionario del alto gobierno.

Aunque siempre los paras han sostenido que todos pertenecen a la comandancia de las AUC, sólo 17 son realmente los comandantes principales, y los demás son lugartenientes que tienen la obligación de velar por la seguridad de sus jefes. Esos mismos combatientes pertenecían a sus cordones de seguridad cuando no estaban tras los muros de la cárcel. Pero en la cárcel de alta seguridad su obsesión va más allá de los privilegios que gozan o de los placeres que disfrutan. Concentrados en su defensa y con el temor a que fracase el proceso de su desmovilización, a veces ni siquiera pueden conciliar el sueño. Decenas de abogados de todo el país en donde tienen procesos criminales circulan permanentemente por el patio, mientras los colombianos están a la espera de que digan la verdad, y miles de víctimas confían en que se haga justicia.Aunque sobre esto último es que se debería concentrar la atención, este episodio sobre la falta de seguridad de la cárcel de alta seguridad se vuelve un lamentable y recurrente episodio de la historia de Colombia. A pesar de la peligrosidad y el poder corruptor de estos criminales, de las medidas que se han tomado y de la plata que se ha invertido, las cosas no parecen cambiar. Quién no recuerda la espectacular fuga del narcotraficante José Ramón Matta Ballesteros cuando salió orondo por la puerta principal de La Picota en marzo de 1986; o la evasión de Jaime Eduardo Rueda Rocha, el asesino de Luis Carlos Galán, quien en septiembre de 1990 se disfrazó de abogado; o el célebre escape de La Picota de José Santacruz Londoño, que huyó en enero de 1996 con la ayuda de un fiscal. Y ni qué decir de las bacanales en la seudocárcel de 'La Catedral', donde Pablo Escobar hizo las mejores fiestas de Medellín y donde hubo desde pista de baile para las modelos hasta cementerio para sus enemigos. Y si de lujos se trata, bien vale la pena recordar la vida de ex capo Henry Loaiza, 'El Alacrán', cuando estaba preso en la cárcel La Modelo. Festejó el cumpleaños de su mujer con 40 almuerzos contratados al restaurante japonés Hatsuhana y pidió que "mataran un caviar" para celebrar una de las tantas navidades que ha pasado tras las rejas. Los compañeros de celda de Víctor Patiño Fómeque tampoco se olvidan cuando el capo les ponía a manteles las mejores modelos del país. Y el escándalo que protagonizó el coronel Royne Chávez, ex jefe de seguridad de Andrés Pastrana, cuando le encontraron en su celda un celular y tres cajas de aguardiente.Y ni hablar de las mujeres que en sus celdas están pendientes de la visita de la esteticista para su sesión de botox. El caso más reciente es el de Enilse López. En la cárcel El Buen Pastor, de Bogotá, permanecía con kimono, pantuflas peludas y un abrigo de mink, para protegerse del frío. Luego, en la cárcel de Santa Marta, compraba el cupo de visitas de sus compañeras de celda para poder recibir la peregrinación que llegaba de Magangué. Y como el tiempo no le alcanzaba para recibir a tanta gente, los políticos pagaban hasta 200.000 pesos por un cupo para hablar un segundo con la empresaria del chance, según la denuncia del propio vicepresidente de la República, Francisco Santos. "Es una vergüenza para el país", sostuvo la semana pasada.Aspirar a que en Colombia el sistema carcelario sea como el que se ve en las películas gringas es una ilusión. Ninguna cárcel llegará a ser como la legendaria y aterradora Alcatraz o la de Marion, en Illinois, que son sinónimos de miedo y terror. Penitenciarías subterráneas, control estricto, cámaras de vigilancia en cada rincón, celdas fotoeléctricas: nada de esto ocurre en el pabellón de máxima seguridad en donde están recluidos los jefes paramilitares, mientras los congresistas señalados de colaborar con ellos fueron recluidos al lado de La Picota, en un antiguo sanatorio para tuberculosos lleno de pulgas. Es tal el deterioro del lugar, que muchos de los políticos presos estarían dispuestos a cambiar sus condiciones de austeridad, por una celda en un pabellón de máxima seguridad con todas las comodidades.

COLOMBIA NO PODRÁ SALIR ADELANTE SI NO CONOCE A FONDO LA VERDAD Y SI EL GOBIERNO NO ASUME SU RESPONSABILIDAD POLÍTICA (SEGUNDA PARTE)

Los resbalones del doctor Holguín. Las cortinas de humo del presidente. El Polo no combina las formas de lucha. El ministro debe renunciar y el Presidente debe explicar por qué tantos amigos suyos están implicados en este caso. Bloque de búsqueda.
Los resbalones del doctor Holguín
Analicemos paso a paso las posiciones del doctor Carlos Holguín con respecto a este escándalo. Estaba yo convaleciente de alguna cirugía el año pasado y me tocó ver el magistral debate del senador Gustavo Petro con respecto a este asunto de la parapolítica, el 18 de octubre de 2006. Ese día y ahí está en los anales del Congreso, el doctor Carlos Holguín Sardi hizo una intervención que a mi juicio le ha debido costar el puesto, porque fijó como posición central del gobierno que no es bueno que se conozca la verdad, es decir, la posición del “tapen-tapen”. Afirmó incluso que el país va donde va, en sus cosas buenas, porque en Colombia no se han esclarecido hechos gravísimos de la historia de Colombia. Voy a leerles lo que dijo textualmente el doctor Carlos Holguín Sardi: “Yo, que soy de la generación del Frente Nacional, puedo decirlo con alguna autoridad: en qué andaríamos los colombianos si todavía a estas alturas estuviéramos buscando en qué consistió la verdad en la violencia entre Conservadores y Liberales. ¿Adónde estaríamos todavía? Qué nos habría pasado si la grandeza de Laureano Gómez y de Alberto Lleras no hubiera dicho borrón y cuenta nueva, arranquemos con el Frente Nacional hacia un nuevo país y no volvamos a pensar en lo que nos hicimos los unos a los otros” (Plenaria del Senado, Oct.18.06). ¡El día en que se le daba la largada casi que oficial al esclarecimiento de la verdad sobre el paramilitarismo, sale Carlos Holguín Sardi a proponernos a los colombianos que el “tapen-tapen” es lo beneficioso para el futuro de Colombia! Aquí me permito una digresión. Es bien probable que buena parte de la violencia que hoy nos abruma tenga que ver, doctor Holguín, con que en aquellos días no se conoció a fondo la verdad de una catástrofe que dejó cerca de medio millón de muertos.
También dijo el doctor Carlos Holguín Sardi, en pleno escándalo de la parapolítica y siendo presidente de su Partido, al hacer referencia a un aval para algún familiar de la señora Enilce López, conocida en los medios con el nombre de “La Gata”: “No se le puede negar la inscripción a nadie, así sea el hijo de Al Capone” (Semana, Mar.06.07).
Y planteó como positivo el cierre del Congreso, una de las principales cortinas de humo en este debate.
Otro día le preguntan al doctor Holguín Sardi: “¿Supo de la cita de Ordosgoitia con los paras?” Ordosgoitia es un dirigente conservador firmante del Pacto de Santa Fe de Realito y hoy encartado con la justicia. ¿Saben qué dijo el doctor Carlos Holguín? “Algo alcancé a oírle, pero muy anecdóticamente, de esas cosas que nadie les para bolas”. Señor ministro, ¿de esas cosas a las que nadie les para bolas?
“En las pasadas elecciones presidenciales y del Congreso –alega también el doctor Holguín–, no hubo ningún tipo de infiltración paramilitar”. Senadores, uno no sabe si reírse o llorar de un ministro del Interior que afirma orondo que en las pasadas elecciones no hubo ningún tipo de infiltración paramilitar.
Es el mismo ministro que aseveró con la mayor tranquilidad: “El documento (de Ralito) es un compendio de la Constitución y desde ese punto de vista no tiene nada de impropio (…) Yo lo refrendaría”. Refrendarlo quiere decir, señor ministro, suscribirlo. Agradezcamos que usted no haya sido invitado a esa reunión, porque podría haber terminado en la encartada en que se encuentran algunos de los que sí asistieron. ¿No tiene nada impropio el Pacto de Ralito? La Corte Suprema afirma, explicando la gravedad de este fenómeno de la parapolítica: “Quien accede a la función pública merced el poder corrupto o intimidante de la organización paramilitar, se convierte en miembro de ella y participa desde su particular posición en el desarrollo del proyecto delincuencial” (El Espectador, Feb.18.07).
Dice también el doctor Holguín: “Ya están dadas todas las garantías para las elecciones de octubre” (Ibíd.). Pero la OEA acaba de testificar que hay por lo menos tres mil nuevos hombres alzados en armas. Y el señor Frank Pearl, consejero para la Reinserción, informa que hay 4.731 reinsertados que nadie sabe dónde están. Y el señor ministro le garantiza al país que todo está bajo control para las elecciones del final de este año.
Las cortinas de humo del presidente
Uno de los hechos más turbadores de esta lógica con la cual el gobierno ha venido adelantando esta campaña de ocultamiento es la táctica de las cortinas de humo, la táctica de poner a mirar hacia donde no es, táctica especialmente repudiable y aplicada por el señor presidente de la República cuando nos acusa de ser terroristas vestidos de civil, o cuando dice que otro dirigente del Polo no es un facilitador, sino un cómplice de las FARC, o cuando dice que el doctor Carlos Gaviria tiene un sesgo guerrillero y le exige que explique cuál es su amistad con el ELN y las FARC, o cuando dice que el doctor Navarro es un incitador de la violencia, todas calumnias, afirmaciones mendaces y que apuntan a crear la falacia de que aquí unos son amigos del paramilitarismo y otros amigos de la guerrilla. No. Aquí hay unos que estamos en la tercera posición, y esa es la posición que hemos venido defendiendo. Pero agrego más: y si alguien hiciera alguna acusación contra una persona afecta con cualquier tipo de organización criminal, ¿eso le quitaría menos gravedad al fenómeno de la parapolítica? ¿Eso le quitaría menos gravedad al fenómeno del paramilitarismo? ¿Cuántos de los muertos resucitarían, porque esa situación se terminara estableciendo? ¿Cuántas de las tierras arrebatadas a tantos colombianos les regresaría porque eso fuera así? La vieja táctica de intentar descalificar los hechos atacando a las personas. La vieja táctica de sustituir el análisis sobre los hechos por los ataques a las personas.
Con respecto al cuestionario del debate, doctor Holguín, tengo que lamentar que usted hubiera respondido de esta manera irresponsable. Le preguntamos: “¿Se sostiene el gobierno nacional en cada una de las acusaciones que el Presidente Uribe Vélez ha hecho contra dirigentes del Polo?” Responde el doctor Carlos Holguín: “Sí”. Le preguntamos: “¿Qué pruebas tiene el gobierno? Por favor aportarlas”. Y saben qué responde el doctor Carlos Holguín Sardi: “Declaraciones públicas”. Aquí no hay que probar nada, el gobierno no se ve en la obligación de confirmar nada. Le preguntamos: “¿Hay terroristas vestidos de civil en el Congreso, según dijo el presidente? Mencionarlos con nombre propio. Aportar las pruebas”. No los mencionó en su respuesta, doctor Holguín, ni aportó ninguna prueba, pero miren en cambio la respuesta que nos transmite el doctor Holguín, en la cual sugiere que aquel que esté en la oposición al presidente Álvaro Uribe Vélez, por ese simple hecho, ya se convierte en terrorista vestido de civil. Paso a leer lo que responde el doctor Holguín: “Hay muchas formas de hacer terrorismo y si el señor Presidente de la república de Colombia no tuviere la popularidad y la credibilidad de que goza ante el pueblo colombiano, la tragedia que se hubiere presentado por las declaraciones tendenciosas y humillantes de miembros de la oposición hubieren sido de enorme relevancia con unos daños de gran trascendencia”. A mí este tipo de posiciones me recuerda los días de Francisco Franco en España, cuando si un español le echaba un abajo al gobierno, terminaba con sus huesos en la cárcel, porque dizque había vulnerado la majestad del Estado español.
Uribe goza, y es uno de los problemas graves que se denuncian en este debate, de una especie de derecho que no tiene ningún otro colombiano, y es el derecho a faltar a la verdad sin que ningún juez juzgue o analice su comportamiento. Porque como lo juzga la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes y él sabe que allí cuenta con mayorías suficientes, se cree facultado para hacer cualquier tipo de afirmación.
Han venido insistiendo de manera astuta en que las acusaciones provienen de gente que fue del M-19, hasta en eso manipulan. Manipulan, primero, porque el M-19 se amnistió, con el voto favorable del senador Álvaro Uribe Vélez. Manipulan, segundo, porque es sabido que Gustavo Petro y Antonio Navarro y los demás dirigentes del Polo que se amnistiaron han cumplido con toda honradez con el propósito de no resolver a tiros los problemas de los colombianos, situación que no parece estar garantizada de ninguna manera por el actual proceso de paz que se vive en Colombia. Y manipulan, tercero, porque el gobierno tiene que saber, y usted lo sabe, doctor Carlos Holguín Sardi, que de los dieciocho congresistas con que cuenta hoy el Polo, apenas uno es amnistiado, el senador Gustavo Petro, y los demás no tenemos ningún tipo de responsabilidad en hechos de ese calibre.
El Polo no combina las formas de lucha
La posición del Polo, senadores y colombianos, está en su concepción programática, en sus estatutos, en sus declaraciones públicas, en las declaraciones de sus dirigentes. Y esto señálemelo como un asunto perfectamente meritorio de nuestra organización, y sobre esto no puede haber dudas y le exigimos seriedad al gobierno, no puede haber dudas de que el Polo no combina las formas de lucha, no tiene establecido en sus propósitos el empleo de instrumentos bélicos para resolver ninguna de las contradicciones y clama a favor de procesos de paz que nos conduzcan a resolver estos problemas en Colombia.
En un acto de desproporción inaudito, ministro Carlos Holguín, usted se atrevió a decirme en un programa de La Noche que yo, Jorge Enrique Robledo y el MOIR habíamos auspiciado en Colombia el alzamiento armado y la combinación de las formas de lucha. Ese día le llamé la atención y le repliqué que eso no lo podía usted decir, porque no era cierto. Usted reculó en parte y afirmó: “No voy a decir que echar bala”, pero que sí hacíamos movilizaciones y luchas estudiantiles. Pero unos días después, ante todos los medios de comunicación de Colombia, se atrevió a hacer otra afirmación mentirosa, que yo espero rectifique esta noche: “Quienes durante cuarenta años, como el señor Robledo, le enseñaron a este país a que eran legítimas todas las formas de lucha para tomarse el poder y apelaron a todas las formas de lucha”. (Feb.28.07. Noticias RCN TV del mediodía). Y todos sabemos que esa teoría de la combinación de todas las formas de lucha es una teoría mediante la cual se justifica, de un lado y del otro, el empleo de la violencia contra los contendores. Usted tenía que saberlo ya en ese momento, doctor Carlos Holguín Sardi, porque ya había tenido una semana par averiguarlo, si es que no lo sabía desde antes, que el MOIR, y ese es uno de mis orgullos y de los orgullos de esta organización, desde que empezamos en la vida política colombiana, por allá a mitades de la década del sesenta, nunca estuvimos de acuerdo o auspiciamos por acción o por omisión el alzamiento armado. Eso es historia de Colombia, que usted tiene cómo saber, señor ministro del Interior. Son muchos los colombianos importantes del establecimiento de Colombia que pueden dar fe de lo que estoy diciendo. Pero si no le basta mi punto de vista, lo invito a que lea el libro de uno de sus ideólogos, el doctor José Obdulio Gaviria, titulado Sofismas del terrorismo en Colombia (Planeta, 2005), que en las páginas 19, 20 y 21 le hace el reconocimiento al MOIR de haber sido una de las primeras organizaciones que en Colombia se opuso al alzamiento armado. Usted tenía que saber eso, señor ministro Carlos Holguín, y sin embargo usted, porque estaba incómodo por cualquier cosa que yo dije, porque hablé del parauribismo, entonces se sintió con el derecho, muy propio de la política nacional, de agredir al otro. Ese no es un estilo democrático ni tampoco un estilo positivo. Yo les pido a quienes me escuchan que miren con atención las ideas que he venido exponiendo y verán que he ido escogiendo las palabras de manera cuidadosa para no decir más de lo que estoy en condiciones de demostrar.
Concluyo repudiando varias de las reformas políticas que viene proponiendo el uribismo bajo el sofisma de que van a resolver el problema de la parapolítica y el crimen en las elecciones. ¿Cómo así que cerrar el Congreso? Lo propuso una distinguida senadora del uribismo. Resulta entonces que aquí todos estamos vinculados a esta clase de delitos, todos tenemos ese tipo de baldones en nuestra existencia. Por supuesto que no. Y cómo así, les pregunto yo a esa senadora y a los amigos del gobierno, que la solución al problema de la parapolítica consiste, por ejemplo, en quitarle la credencial al senador Gustavo Petro o al senador Jorge Enrique Robledo o a tantos que hay aquí, incluidos partidarios del gobierno, que no tienen nada que ver con actuaciones criminales. Y cómo así, pregunto también, que los votos que eligieron al Congreso sí son votos espurios, pero que esos mismos votos no son espurios cuando se tratan de darle legitimidad al señor presidente de la República. ¿Saben cuántos votos pusieron los nueve congresistas hoy en la cárcel? Cerca de medio millón de votos. Medio millón de votos que se transfirieron también al presidente de la República. Medio millón de votos que tampoco salieron sin el respaldo del jefe del Estado, o es que ignoramos cómo se hace política en Colombia, donde los congresistas respaldan al presidente y el presidente respalda a los congresistas y una parte de los votos de los parlamentarios recibe reciprocidades desde el Estado colombiano.
El propio presidente la República dijo también que hay que acabar o golpear la circunscripción nacional. ¿No sabe el jefe del Estado que es la circunscripción nacional el ámbito en el cual el voto de opinión se concreta en una realidad electoral? ¿No sabe el señor presidente que en Colombia hay un grupo grande de congresistas, todos los del Polo, que nos saldríamos al Senado sin ese voto de opinión de la circunscripción nacional? ¿No sabe que lo mismo les pasa a los movimientos de cristianos y a varios distinguidos líderes de todos los sectores? ¿Cómo es que favorecer el clientelismo hirsuto de las regiones favorece la honradez en las votaciones? Y entonces el gran argumento del Presidente y del doctor Carlos Holguín es alegar que la circunscripción nacional hace muy costosas las votaciones. ¡Que tal! De modo que de lo que se trata es de hacerlas más baratas, y para qué, doctor Holguín, ¿para poner la corrupción en sus justas proporciones, como diría el doctor Julio César Turbay Ayala? ¿De eso es de lo que se trata? Que los votos se compren y se vendan más baratos en Colombia eliminando la circunscripción nacional electoral, que es, repito, donde se concreta el voto de opinión.
Bloque de búsqueda
Conclusiones. A Uribe lo cerca un número inmenso de responsabilidades políticas. Está sitiado por este escándalo de la parapolítica, que lo toca de cerca de mil maneras. Soy de los que siguen esperando a que el presidente de la República le dé la cara al país, y nos explique por qué cerca de cien altos jefes políticos suyos terminaron, o presos, o prófugos, o sindicados, o mencionadas. Que diga lo que quiera, pero que diga algo, que no nos trate como minusválidos mentales, que asuma su responsabilidad política, que si desea diga que todo sucedió a sus espaldas, que él no vio el mastodonte del paramilitarismo y la parapolítica que recorría el territorio nacional, pero que diga algo y asuma su responsabilidad política. Creo, y esto lo propuse ya en el debate de la señora canciller, que el país está en mora, y es una facultad exclusiva del presidente Uribe, de constituir algo así como un bloque de búsqueda de la verdad, que es lo que necesitamos establecer. Lo voy a decir en palabras del presidente Cesar Gaviria: “El Presidente y el gobierno deberían anunciar que van a contribuir con toda su capacidad de investigación en el proceso que ha iniciado la Corte y que el DAS, la policía y la inteligencia militar contribuirán” (El Tiempo, Nov.19.07). Que el DAS, la policía y la inteligencia militar contribuyan al esclarecer los hechos. Digámoslo también en palabras de Patrick Leahy, senador gringo, al cual es probable le ponga más cuidado la mayoría gobiernista que el que me pueda poner a mí: “Los arrestos son el comienzo. Pero si el gobierno es serio en cortar sus vínculos con el paramilitarismo debe dedicar muchos más recursos y personal a la investigación” (El Tiempo, Mar.04.07). ¡Más recursos y personal a la investigación!
El último aspecto que señalo, doctor Carlos Holguín, por todas las razones antes explicadas, es que usted debiera presentar renuncia a su cargo, porque usted no es garantía desde la jefatura de esa cartera de que avance la verdad que todos los colombianos estamos buscando, por las muchas razones que acabo de exponer. El país se está descomponiendo, y aquí me dirijo a los uribistas, a todos los colombianos, a los liberales, a los conservadores, a la gente del Polo, a todo el mundo, el país está en una condición de extrema debilidad, y de como salgamos de estos insucesos va a depender la suerte de la nación. Y no podremos salir hacia adelante si no avanza la verdad. Que haya perdón, sí, que haya perdón. Que haya también reparación a las víctimas, pero por sobre todo que haya verdad, para que podamos avanzar por el camino que requerimos los colombianos y dejar de resolver las contradicciones a tiros. Porque si el grueso de los habitantes de este país sigue manteniendo bajas sus defensas contra la politiquería y la corrupción, o alcahueteándole a este gobierno cualquier afirmación, por descabellada que sea, porque simplemente lo dice el presidente de la República, o sigue cayendo en el garlito de que aquí quienes pedimos la verdad somos unas personas despreciables y detestables, el país no va a poder salir adelante. El país solo saldrá adelante, compatriotas, y me dirijo también a los uribistas que no están involucrados en este escándalo, si el pueblo colombiano se blinda contra todos estos fenómenos de la corrupción de los que estamos hablando, si el pueblo colombiano asume como una actitud de lucha la búsqueda de la verdad y si le exige al gobierno nacional que asuma la responsabilidad política que le corresponde.
Réplica al ministro
Lo primero, solicitarle, yo diría que exigirle, al senador Carlos García que retire una insinuación malévola que él hizo en contra de las comunidades indígenas de Riosucio, Caldas. Y por su conducto, porque es probable que tenga ese origen, que eso lo aclare también la senadora Adriana Gutiérrez, también miembro del Partido de la U. Porque no se pueden hacer insinuaciones malévolas, que incluso pueden conducir a hechos graves, peligrosos para una comunidad a la que le quieren volver un crimen ser indígena, porque en Colombia ser indígena es una especie de crimen, y ahora parece que si yo sacara unos cuantos votos entre esas comunidades indígenas, eso permite insinuaciones malévolas. Dejo constancia de que el senador García debe corregir esa insinuación que hizo aquí y que es absolutamente inaceptable.
Lo segundo, me ratifico en lo que dije con respecto a la permanencia en el Ministerio del doctor Carlos Holguín, puesto que nada de lo que él dijo desvirtúa mis aseveraciones. Pienso que por el bien de este país debe renunciar a su cargo de ministro de Estado. Entre otras razones, porque él se llena de calificativos y adjetivos, pero finalmente no refuta nada de lo que yo dije, sino que simplemente le da vueltas y vueltas, saliéndose del tema, y sin hacer referencia a mis acusaciones, llenas de números y de citas textuales. Leí no sé cuántas citas de lo que él dijo, de lo que dijo el presidente Uribe, de lo que dijeron los funcionarios del gobierno nacional, todas para demostrar que aquí hay en marcha una política de “tapen-tapen”. El ministro ni se refiere a eso.
Quisiera hacer mención a una táctica muy típica de este gobierno. Y es que cuando se ataca al presidente de la República, en Colombia o en el exterior, el uribismo intenta volverlo un ataque a Colombia, a todos los colombianos. No. No dudo de la importancia de ministros como el doctor Juan Manuel Santos o el doctor Carlos Holguín, pero de ahí a pensar que ellos son Colombia y que criticarlos a ellos equivale a un ataque a toda la nación, me parece, por lo menos, exagerado. Para no decir que es otra evidente cortina de humo para sacarle el quite a los debates que estamos planteando.
Me preocupa mucho, doctor Carlos Holguín, que usted tienda a constituir una especie de delito de opinión en torno al terrorismo. Tanto por las respuestas escritas, como por lo que dijo, queda en claro que aquí se empieza a tachar como terrorista a todo aquel que descalifique al gobierno o al presidente. Yo entendía, doctor Carlos Holguín, que en Colombia no había delitos de opinión, una reivindicación de muchas décadas. De ahí que ustedes no puedan convertir en delito de opinión las aseveraciones de los contrarios, por duras que sean. Y mucho menos convertir en el delito de terrorismo las opiniones que se expresen. Ese tipo de actitudes conducen a romper las más elementales normas de la democracia. Por esa vía, el solo hecho de hablar se empieza a convertir en una actividad subversiva.
Quiero también hacer referencia a los incidentes ocurridos el día en que estuvo el presidente Bush de visita en Colombia. A mí me da hasta lástima que se presenten unas imágenes perfectamente editadas. ¿Por qué no se muestra en extenso lo que allí sucedió? ¿Por qué no se muestran las miles y miles de personas que estaban en la concentración y que no tuvieron ningún tipo de actitud que pueda ser condenable? Si se hubiera mostrado completo el asunto, se habría visto que después de los incidentes entre ese grupo de jóvenes y la policía, la manifestación se mantuvo por lo menos media hora más antes de que la misma fuerza pública decidiera, de manera a mi juicio absolutamente innecesaria, disolverla con gases, dando paso a los desmanes que terminaron sucediendo. También mis afirmaciones como vocero del Polo Democrático Alternativo fueron editadas en los noticieros para ocultar la parte en la que yo expliqué que esos actos de fuerza por parte de algunos manifestantes no eran orientaciones del Polo Democrático Alternativo, no eran manifestantes del Polo Democrático Alternativo. Actos que yo repudié de manera absolutamente enfática, como los repudió el senador Gustavo Petro y el doctor Carlos Gaviria. ¿Por qué no se dicen esas cosas? ¿Por qué este propósito de manipularlo todo, para poder crucificar al Polo, porque infortunadamente en un acto en el que nosotros estuvimos sucedieron los hechos lamentables y repudiados por nosotros? Yo hice unas censuras a la actitud de la fuerza pública, censuras que mantengo. Por qué se quiere presentar estos incidentes, repito, lamentables pero relativamente menores, como un hecho de una proporción inconmensurable, como actos de terrorismo. Por qué se intenta decir que sólo sucedieron en Colombia, cuando por esos mismos días prácticamente todas las movilizaciones que hubo en el continente americano en contra del presidente Bush produjeron incidentes de diversos tipos por parte de barras bravas que se comportan así en Buenos Aires, en Sao Paulo, en mil sitios. Y aquí esto lo quieren volver cabeza de proceso contra el Polo Democrático Alternativo, como una cosa gravísima, en la actitud de que el pueblo colombiano no puede salir a la calle ni tiene derecho a protestar, porque si algo especial sucede en las movilizaciones, en las protestas, entonces sus dirigentes son indebidamente condenados y perseguidos.
Por todas estas consideraciones, el Polo Democrático Alternativo no retira una sola de las palabras que dijimos en este debate y nos ratificamos en la idea en que el doctor Carlos Holguín estaría mejor disfrutando de su pensión de jubilación o en un cargo distinto al de ministro del Interior.

miércoles, 21 de marzo de 2007

GOBIERNO Y POLO NUEVO DEBATE SOBRE PARAPOLÍTICA


La oposición trató anoche de poner contra las cuerdas y acorralar al ministro del Interior, Carlos Holguín, en el primero de los dos debates que hará el Senado sobre la 'parapolítica'.
El primer golpe provino del senador del Polo Gustavo Petro, citante del próximo debate, cuando intentó invitar al presidente Uribe, para que le dé la cara al país sobre el paramilitarismo en Antioquia.
El ministro Holguín respondió de manera rápida y dijo que la invitación no se apegaba al reglamento, mientras que el senador liberal Héctor Helí Rojas aseguró que era mejor no invitarlo, porque podría convertir el Senado en un largo y tedioso consejo comunitario. Petro, sin más discusiones, retiró la invitación al Presidente.
El segundo golpe provino del senador Jorge Enrique Robledo, quien directo y a la mandíbula, le pidió a Holguín que renunciara "porque su permanencia no es garantía para que conocer la verdad".
Robledo concluyó, después de citar informes aparecidos en la prensa, que "a Uribe el escándalo lo cerca, lo toca de mil maneras", y a renglón seguido se inventó una metáfora muy parecida a las empleadas durante el proceso 8.000.
"Que el Presidente no nos trate como inválidos mentales, que diga algo. Que diga que todo ocurrió a sus espaldas o que no vio que el mastodonte de la 'parapolítica' se le metió a la sala", dijo Robledo. Holguín respondió a este segundo ataque con una intervención larguísima.
Primero, acudió a un video para demostrar, según él, que los partidos de izquierda siguen untados de violencia. En el video se veía a los estudiantes de izquierda enfrentándose a la policía y destruyendo locales durante la reciente visita del presidente de E.U. George Bush a Bogotá.
Dardos contra Piedad
Holguín también descalificó el informe de la Fundación Nuevo Arco Iris, muy citado por la oposición para demostrar que sí hay 'parauribismo', al decir que este no tiene una investigación seria de campo.
Sobre el 'mastodonte' de la 'parapolìtica', el Ministro dijo que el presidente Uribe está dispuesto a acorralarlo, atraparlo y descuartizarlo.
Los dardos de Holguín incluyeron a la senadora Piedad Córdoba, cuando mencionó que entre la papelería del reciente foro realizado en México y donde la legisladora sugirió que los países del mundo rompieran relaciones con Colombia, se pudieron detectar logos de las Farc.
El Ministro no hizo mención a la solicitud del Polo de dejar su cargo para asumir la responsabilidad política por este escándalo. Holguín le había dicho a EL TIEMPO ayer, que el juez político del Gobierno serán los electores.
A su turno, el senador liberal Juan Fernando Cristo se sumó a los ataques del Polo y dijo que el proceso de negociación con las Autodenfensas no es un buen ejemplo para exigirle verdad, justicia y reparación a otros grupos que en el futuro quieran desmovilizarse. "Todo este escándalo se ha destapado no por el Gobierno, sino a pesar del Gobierno", puntualizó Cristo.
El senador Gustavo Petro remató el debate con una frase que dejó perplejo a más de uno: "Antes y aún ahora hay senadores que en la mañana legislan y en la noche ordenan masacres".

domingo, 18 de marzo de 2007

Chávez invita a Podemos, PPT y PCV a pasar a la oposición

El presidente Hugo Chávez llegó a la conclusión de que Podemos, Patria Para Todos (PPT) y el Partido Comunista (PCV) no quieren incorporarse al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y este domingo los invitó a abandonar el chavismo.
“Si quieren irse, que se vayan, a hacer oposición, pero háganlo con la frente en alto”, aseveró al lanzar duras críticas contra el discurso que el viernes pronunció el gobernador Didalco Bolívar, perteneciente a Podemos, quien afirmó que el revocatorio que se está impulsando en su contra es un pase de factura.
Chávez calificó de agresivas las palabras del mandatario regional. “Esa agresividad yo nunca se la había visto, hubiera sido bien buena el 11 de abril, por ejemplo, cuando se requería salir a dar una respuesta (...) A mi me hicieron un revocatorio y yo no me puse bravo”, refirió el Jefe de Estado.
A la cúpula de la tolda vinotinto dijo enfáticamente que “no son imprescindibles” y los invitó a escoger la mejor fórmula para su partida. “Hay varias maneras de irse de un lugar: en silencio, dándose un abrazo con los amigos o tirando piedras (...) Cada quien vea cómo se va a ir y cómo va a quedar en el recuerdo de nosotros que estamos empeñados en hacer una revolución (...) pero no crean que se van a ir reventando vidrieras y luego van a venir que quieren ser gobernadores o alcaldes”, señaló Chávez.
Les pidió que digan la verdad sobre las razones de su posición. “Sencillamente digan que no están de acuerdo con el socialismo, sino con la socialdemocracia, retírense y quedamos como amigos (...) ¿Quieres satanizarme a mí y la propuesta que he hecho para justificar tu retirada Didalco (Bolívar)? No me parece nada noble”, sentenció.
Al Partido Comunista también lanzó dardos certeros. “Yo vi una entrevista que le hizo la periodista Vanessa Davies al presidente de ese partido y a mi me dio vergüenza, pena ajena, porque llamar lumpen proletaria a los buhoneros ¿qué cosa es esa? Yo aliados así no quiero”, expresó.Misión Villanueva
El Presidente reinició este domingo, a las once de la mañana, la transmisión dominical de su programa televisivo, desde el sector Filas de Mariche, en el estado Miranda. En el espacio, dio inicio a la Misión Villanueva, que busca la transformación de los espacios urbanos empleando el concepto de arquitectura socialista.
El plan arrancará con la construcción de la Ciudad Mariches, que estará conformada por una serie de barrios. El primero llevará por nombre Tamanaco.

El papito de al lado

Salud Hernández-Mora. Columnista de EL TIEMPO.


Pues a mí me sigue gustando Rafael Correa, aunque no sé hasta cuándo. Lo matan su soberbia, una desmedida afición a casar peleas innecesarias y su boquita parecida a la de Uribe: insulta y da palo sin contemplaciones a sus adversarios, si bien dice más barbaridades. La diferencia en los agravios estriba en que Gustavo Petro, por ejemplo, no es el terrorista que dice el Presidente colombiano, mientras que los políticos ecuatorianos que llevan decenios robándose la plata y manipulando los poderes estatales sí son la mafia y la banda de sinvergüenzas que señala su homólogo con esas palabras.
Un punto en común es que los dos son católicos, apostólicos y romanos, antiabortistas y antitodo lo que la Iglesia repudia. ¿Ven, mis queridos conservadores, cómo el papacito de ojos claros no es tan malo?
Ambos están convencidos de que su verdad es absoluta y de que tienen que dar un revolcón a sus respectivas naciones, lo que, por supuesto, requiere más de cuatro años. Uribe ya logró su extensión y si a Correa le salen las cosas, que pudiera suceder en ese impredecible país, la nueva Constitución aprobará la reelección, así que tendremos correazo para rato.
Pero también se puede caer mañana, tumbado por el mismo pueblo que hoy lo idolatra, aunque yo apuesto a que logra el milagro de permanecer en el sillón presidencial todo el mandato.
Tiene un gabinete de armas tomar, de personas con una hoja de vida impecable, aparentemente eficaces, con ideas propias y de carácter áspero. El ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, pieza clave en las crisis, es seco y tajante, yo diría que incluso antipático. Lo he visto alguna vez en la tele y, más que contestar a los periodistas, escupe respuestas cortantes.
Y qué decirles de la canciller, dulce en apariencia, pero dura como el diamante. Al salir de su despacho el viernes, después de entrevistarla, me crucé con el embajador Holguín. Cuando nos despedimos, tuve la impresión de estar ante un reo camino del cadalso. Lidiar con María Fernanda Espinosa, segura de sí misma y de sus ideales, inteligente y tajante, que parece que llevara toda la vida toreando en plazas políticas, en lugar de ocupar por primera vez un cargo de esa enjundia, va a requerir algo más que queridura y promesas vagas.
Estamos ante un gabinete exento de complejos, orgulloso de su patria, pobres pero altivos, como parisinos, unos púgiles que, antes de recibir, dan un izquierdazo. No les inquieta pararse ante la Casa Blanca, los burócratas del Banco Mundial o el lucero del alba. Son conscientes de su pequeñez, pero, a la vez, de su importancia relativa y están dispuestos a jugar sus cartas con el aplomo de quien siempre esconde cuatro ases en la manga.
Dan sensación de saber perfectamente para dónde caminan y cuáles son sus prioridades: acabar con la inequidad social y, al igual que decía Uribe en sus inicios, con la politiquería y la corrupción. Claro que esos ecuatorianos no tienen ligaduras con nadie y menos con los ex, y Uribe ha coqueteado en exceso a cuanto ex, corrupto y politiquero se ha topado.
El principal escollo que tenemos con ellos es que nuestro mandatario le prometió a Correa, cuando era solo Presidente electo, detener las fumigaciones hasta que conformaran la famosa comisión supervisora. Pero Uribe aprovechó el interregno entre la posesión y la salida del debilucho Palacio para asperjar la frontera. Correa le perdió la confianza y hasta que vea con ojos ecuatorianos que cumplimos, no nos manda a su embajador.
En cuanto superen el bollo que montaron el Congreso y el Tribunal Supremo Electoral, y Correa se salga con la suya, esto es, que los diputados expulsados se vayan a su casa y lleguen unos suplentes más dóciles, comenzará el verdadero viaje del gabinete de centroizquierda, que no comunista ni chavista, hacia el cambio.

El paramilitarismo


Los antecedentes más cercanos del origen del paramilitarismo se encuentran en los años cuarenta y cincuenta. Décadas después, el fenómeno ha penetrado en la política, la economía y las más altas esferas de la sociedad.
Daniel García-Peña Jaramillo

Los acontecimientos y la información revelados en las últimas semanas —que muchos califican como sólo la punta del iceberg— están destapando las enormes dimensiones de uno de los fenómenos de mayores repercusiones en la política, la economía y la sociedad colombianas: el paramilitarismo.
Se trata de un fenómeno complejo en el que se entremezclan la expansión y la evolución del narcotráfico, los intereses privados de las élites locales y la política contrainsurgente del Estado, factores que encontraron en muchos lugares el terreno abonado por el descontento sembrado por los abusos de la guerrilla.
El término mismo —paramilitarismo— despierta controversia. La Real Academia Española define paramilitar como “una organización civil, con estructura o disciplina de tipo militar”. Pero así como los paramédicos trabajan al lado de y con los médicos, el uso de la palabra conlleva la implicación de que los paramilitares trabajan al lado de y con los militares. Por ello, durante años, en el lenguaje oficial de las Fuerzas Armadas, siempre se decía “mal llamados paramilitares”. No obstante, han sido tal el grado de generalización de la expresión y contundentes las evidencias, que hoy hasta el presidente Uribe habla de los “paras”.
Si bien el término se refiere a un fenómeno actual y relativamente reciente en la historia, sus raíces se encuentran en la vieja práctica de las élites colombianas de utilizar la violencia para obtener y mantener sus propiedades y sus privilegios en connivencia con el Estado.
Los antecedentes más cercanos se encuentran en los grupos que surgieron en la Violencia de los años cuarenta y cincuenta. La llamada policía chulavita convirtió a la institución que debe velar por el bien público en un instrumento del gobierno conservador para exterminar a la oposición liberal, elocuente ejemplo del terrorismo de estado de ese entonces. Grupos privados, como los denominados Pájaros, operaron con el apoyo y la complicidad de las autoridades.
La violencia estatal y paraestatal fue más allá del bipartidismo y se dio antes y después del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. El movimiento gaitanista cada vez más agrupaba al pueblo, tanto liberales como conservadores, constituyéndose en el enemigo común de las oligarquías de ambos partidos. En ocasiones, dirigentes liberales se hacían los de la vista gorda o impulsaban de manera encubierta la violencia contra los gaitanistas. Fue el caso de Soatá, Boyacá, donde José María Villarreal, según su propio relato, fue nombrado gobernador de Boyacá en 1945 por Alberto Lleras Camargo con el fin de organizar a los conservadores contra el gaitanismo1.
En los sesenta, como respuesta al surgimiento de las incipientes agrupaciones guerrilleras y en el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional, se estableció el fundamento jurídico para la conformación de grupos de autodefensa bajo el auspicio y control de las Fuerzas Armadas, mediante el decreto legislativo 3398 de 1965, que fue convertido en legislación permanente por la ley 48 de 1968.
Aunque se crearon pocas en los primeros años, en la década de los ochenta fueron aprovechadas por los nuevos factores que aparecieron, particularmente el narcotráfico. Esta nueva etapa se evidenció con la creación del MAS (Muerte a Secuestradores) en 1981 por parte de narcotraficantes, militares activos y en retiro y poderosos terratenientes, como fue denunciado por el Procurador General de la República en 1983.
Sin embargo, a pesar de las serias acusaciones, no se tomaron medidas efectivas para desmantelar o combatir a los grupos paramilitares. Por el contrario, el llamado “modelo de Puerto Boyacá” se extendió por el Magdalena Medio y a otras regiones del país con la complicidad de integrantes del Ejército. Esto coincidió con el proceso de paz impulsado por la administración de Belisario Betancur, que de manera indirecta y no intencional, generó la percepción de las élites locales de que los acuerdos de cese al fuego firmados en 1984 dejaban un vacío que sería aprovechado por la guerrilla y sus aliados.2
Durante el gobierno de Virgilio Barco, el paramilitarismo siguió creciendo, llevó a cabo buena parte del exterminio de la Unión Patriótica y asesinó a varios candidatos presidenciales. En 1988, el ministro de Gobierno, César Gaviria, denunció la existencia de más de ciento sesenta agrupaciones de “justicia privada”. El año siguiente, a raíz de la masacre de una comisión judicial en La Rochela, Santander, y al amparo del Estado de Sitio, el gobierno declaró ilegales a las autodefensas y estableció la tipificación de la conformación de éstas como conducta punible, mediante los decretos 813, 814 y 815.
La priorización de la lucha contra el Cartel de Medellín, en el gobierno de Gaviria, hizo que se descuidara el crecimiento del paramilitarismo e incluso, según denuncias, se tolerara la creación y las acciones de Los Pepes, supuesta alianza de los paramilitares de los Castaño y el Cartel de Cali con autoridades del DAS para liquidar a Pablo Escobar3. El proceso de desmovilización del EPL en Urabá y Córdoba terminó alimentando la consolidación del proyecto paramilitar.
En el gobierno de Ernesto Samper, la creación de las “Cooperativas de Seguridad Rural” o “Convivir”, iniciativa del ministro de Defensa, Fernando Botero, de manera masiva, sin la existencia de una capacidad institucional para ejercer una supervisión efectiva, muchas veces en las zonas de conflicto, no sirvió para disminuir el paramilitarismo. Al contrario, se registró un aumento en las actividades paramilitares en muchos de los municipios en los cuales fueron creadas las Convivir.
Los paras crecieron en tamaño y poder, consolidando su presencia en Córdoba, Urabá y el Magdalena Medio, y extendiéndola a Sucre, Cesar, el sur de Bolívar, Putumayo, Cauca, Meta y Caquetá. Con la creación de las Auc en 1996, se intentó construir un movimiento nacional bajo el mando de Carlos Castaño, que logró conformar una importante base de apoyo social.
Por su parte, en marzo de 1998 la Fiscalía General de la Nación logró el éxito mayor del Estado en su incipiente lucha contra el paramilitarismo con la captura de Víctor Carranza, aunque por falta de colaboración por parte del Ejército y la Policía, las unidades del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía tuvieron que actuar solas. A la vez, las investigaciones judiciales sobre los asesinatos de Manuel Cepeda en agosto de 1994 y de Álvaro Gómez en noviembre de 1995 y las masacres de Mapiripán en julio de 1997 y de Barrancabermeja en mayo de 1998, entre otras, involucraron a miembros activos del Ejército colombiano.
El gobierno de Andrés Pastrana nombró una nueva cúpula militar que por primera vez incluyó la lucha contra los grupos paramilitares como parte de su plan estratégico, ordenó el desmonte total de las Convivir, destituyó a los generales Rito Alejo del Río y Fernando Millán por sus nexos con paramilitares e incluyó el “combate a los grupos de autodefensa” como tema de la Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia, firmada con las Farc en el Caguán.
Esto generó el rechazo de los paramilitares que lanzaron una cruenta “ofensiva” de masacres que dejaron más de 140 muertos el día después de la instalación formal del proceso el 7 de enero de 1999; luego secuestraron y posteriormente liberaron a la senadora Piedad Córdoba, exigiendo el otorgamiento del carácter político al igual que a la guerrilla y promovieron en esos años el movimiento de “No al Despeje” en el sur de Bolívar, que frustró el diálogo con el Eln. También sabemos hoy que fue en ese contexto que se firmó el Pacto de Ralito entre políticos y los paras para “refundar a Colombia”.
Con la llegada de Álvaro Uribe a la Presidencia se da un fuerte viraje en la política gubernamental, al abrir por primera vez un proceso de diálogo con los paramilitares. Pero pese a haber pasada ya buen tiempo desde los acuerdos firmados en Santa Fe de Ralito con las Auc en julio de 2003 y mayo de 2004, es todavía prematuro hacer el balance final del controvertido proceso.
El desarme y la desmovilización de más de treinta mil hombres —al inicio del proceso dijeron ser trece mil— está hoy en el limbo por falta de una adecuada política nacional de reincorporación, así como por las noticias de cinco mil rearmados. Aunque la mayoría de la cúpula de las Auc está detenida en la cárcel de Itagüí, su futuro jurídico es incierto y el más importante de ellos —Vicente Castaño— sigue prófugo.
En vez del desmonte del paramilitarismo, lo que se evidencia es su recomposición y consolidación. La relación simbiótica con el narcotráfico es cada vez mayor, como se palpó con la compraventa de frentes como “franquicias” a denotados narcos. La naturaleza del paramilitarismo se reveló cada vez más cercana a la del crimen organizado, más que a la de una organización de tipo político-militar. Mientras la historia ha demostrado que la firma de un acuerdo de paz por parte de un comandante guerrillero —como Carlos Pizarro en 1990— lleva a que el conjunto de la organización cumpla lo acordado, la desmovilización de la comandancia de las Auc se vio por muchos de sus antiguos subalternos como una oportunidad de ascenso para arrebatarles las rutas y el negocio. Es muy diciente que quien inició el proceso como máxima figura y líder de las Auc haya sido asesinado por su propio hermano con métodos propios de las mafias. La gran capacidad de renovación del narcotráfico, jalonado por la constante demanda a nivel internacional, permite que estos grupos se perpetúen por encima de lo que pueda suceder con sus antiguos jefes.
Pero el paramilitarismo va más allá del narcotráfico. En muchos lugares se trata de la acumulación y expansión de la riqueza y control de los recursos. El investigador Gustavo Duncan, de manera sugestiva, ha propuesto la categoría de “señores de la guerra” para describir los ejércitos privados que operan en Colombia4. El desplazamiento forzado de millones de campesinos tuvo como propósito tanto golpearle las bases a la guerrilla, como quitarles la tierra a los campesinos para ensanchar las suyas. Sus negocios, más allá del narcotráfico, incluyen el sector de la salud, el chance, contrabando, equipos de fútbol y la apropiación ilegal de recursos públicos mediante contratos con gobiernos locales, entre otros.
Su carácter mafioso y entronque con lo privado no exonera ni excluye al Estado de su responsabilidad. A lo largo de los años, las políticas frente al paramilitarismo han sido ambiguas y cambiantes. La conducta y práctica del Estado colombiano que más ha fomentado el paramilitarismo ha sido la impunidad. El proceso que la justicia le adelanta al ex jefe del DAS muestra el grado de penetración y cooperación entre el paramilitarismo y los cuerpos de seguridad del Estado.
El reconocimiento en estos días por parte del Estado colombiano de su responsabilidad por acción y omisión en el asesinato del senador Manuel Cepeda es un paso histórico, aunque ahora cabe preguntarse: ¿cuántos casos aislados se requieren para que se constituya en una política de Estado?
Es significativo que pese a la gravedad, se ha logrado darle un tratamiento institucional a la crisis. Marchan dos procesos paralelos: la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, a cargo de la Fiscalía, y la acción iniciada por la Corte Suprema contra los congresistas comprometidos con el paramilitarismo. Se han organizado las víctimas para reclamar sus derechos. Por primera vez, lo más importante, la sociedad debate sobre verdad, justicia y reparación.
Es así como la crisis actual es una oportunidad para que este tenebroso y complejo fenómeno del paramilitarismo empiece pronto a ser sólo parte de la historia y no de nuestro futuro.